
Se describe como un “ruidoso silencioso”, algo muy acorde con su carácter apacible y la melancolía de sus canciones, pero también con los sentimientos que logra despertar en su público, originados en aquello de lo que parece estar enamorado: el desamor. Todo esto lo ha inmortalizado en su disco homónimo y en su interpretación de sí mismo en la película Shortbus, de la que también hizo la banda sonora. Es Scott Matthew, un neoyorquino australiano que sueña con vivir en Berlín y que recién comienza el sueño de vivir de su música.
Scott Matthew vive desde hace 11 años en Nueva York, de los cuales ha pasado los últimos cuatro en un departamento cercano al lugar de nuestra cita, el café Crest, en el cruce de Union y Metropolitan, en Brooklyn. En el patio trasero, aquellos que como él sufren de desamor, hoy están reunidos para pasar de la resaca a la placidez, mientras se acompañan de extraños, sólo con el objeto de hacerle el quite al peor momento de la semana: la tarde del domingo. Han pasado tres semanas desde el comienzo del verano y el calor parece no querer manifestarse. Scott traza garabatos en una libreta de apuntes y le pega sorbos a un iced coffee. Luce como si esa mañana no hubiera pasado por la ducha, lo cual, al fin y al cabo no me incomoda, pues aún tengo viva su imagen de una semana atrás, cuando lo vi tocar por primera vez. Esa noche provocó en la audiencia un sentimiento estremecedor, que se sustenta en una retrospectiva de los amores que ya no están y que para él, es la manera de buscar la felicidad. Esa pericia de enfrentarse a los demonios para poder liberar a los ángeles es el principal componente del mundo de Scott.
Su historia en la música no es diferente: pasó de ser cantante de la banda de punk Nicotine a baladista, lo cual le llevó a colaborar con artistas como Spencer Cobrin, baterista de Morrissey; a hacer canciones para series de anime japonés como Ghost in the shell y más recientemente, a hacer la banda sonora para la película Shortbus, del director John Cameron Mitchell, una explícita tragicomedia que explora las relaciones sentimentales de un círculo bohemio neoyorquino. Este es sólo el comienzo de la mejor parte de la carrera de Scott, sobre todo ahora, que está viajando por todo el mundo para presentar su primer disco, y que prepara un segundo trabajo. Tal parece que, como él mismo admite, además de la honestidad, hay algo muy positivo detrás de sentimientos como el desamor.
Su historia en la música no es diferente: pasó de ser cantante de la banda de punk Nicotine a baladista, lo cual le llevó a colaborar con artistas como Spencer Cobrin, baterista de Morrissey; a hacer canciones para series de anime japonés como Ghost in the shell y más recientemente, a hacer la banda sonora para la película Shortbus, del director John Cameron Mitchell, una explícita tragicomedia que explora las relaciones sentimentales de un círculo bohemio neoyorquino. Este es sólo el comienzo de la mejor parte de la carrera de Scott, sobre todo ahora, que está viajando por todo el mundo para presentar su primer disco, y que prepara un segundo trabajo. Tal parece que, como él mismo admite, además de la honestidad, hay algo muy positivo detrás de sentimientos como el desamor.
Cuando te fui a ver, la audiencia estaba sumida en una especie de “trance melancólico”. Yo no sabía que tus letras hablaban del desamor, y esa noche estaba acompañado por un amigo que me visitaba para “cambiar de ambiente”, pues estaba lidiando con su divorcio… ¡Ay, nooo!
Él estaba junto a mí y de repente desapareció. Sólo lo encontré al final del show. “Me tuve que salir, esa música me aflojó la melancolía”, me dijo. (Suspiro hondo) Me apena mucho por tu amigo. Estoy seguro de que combinar el dolor de su divorcio con mi música le hizo sentir realmente miserable. Sin embargo, debo admitir que aunque por una parte me siento mal por provocar ese tipo de sentimientos en las personas que escuchan mi música, también hay algo positivo detrás de eso.
¿Qué es lo que ves positivo? De alguna manera estoy orgulloso de lo que yo y mi banda hacemos, porque creo que le damos a las personas que escuchan nuestra música una especie de vehículo para que se sientan mejor y sepan que alguien más comparte sus sentimientos.
¿Por qué es tan triste tu música? ¿Tu intención cuando estás componiendo es escribir piezas melancólicas? Mi música no es más que una manera de lidiar con mi propia tristeza. Claro, lo reconozco, la idea puede parecer un poco narcisista, pero yo lo veo más como una especie de confesión autobiográfica.
Las letras de tus canciones parecen reflejar experiencias amorosas tuyas… Sí. ¡Es que hay mucho dónde inspirarse! (risas). He tenido grandes amores en mi vida, relaciones muy profundas que siempre duran muy poco, y bueno, eso me sigue pasando… Por ejemplo ahora, en Europa, conocí a alguien mientras estaba de tour. Fue una conexión muy intensa, pero desafortunadamente no pudo ser, tengo que seguir viajando, seguir adelante con mi carrera…
Tu disco me transportó a la nostalgia de una relación que no fue más que todo lo que pudo ser y no fue. Sin embargo, en esta oportunidad, el recuerdo no era triste, a pesar de que en realidad lo es… ¿Sabes una cosa? Yo nunca voy a dejar de amar a las personas que he amado, incluso si ya no estamos juntos. Me gusta pensar que esa melancolía parte del hecho de que nunca dejas de amar a esas personas, en especial a algunas o a una. Yo creo que una vez te enamoras, ese sentimiento se queda contigo por siempre. (Suspiro hondo…) Sé que no se puede fumar acá, pero voy a intentarlo porque lo necesito –dice Scott mirando el aviso de “prohibido fumar” que preside el patio del café Crest.
Scott, ¿estás enamorado? No. En realidad no tengo tiempo para eso, y no es que sea una de esas personas que dice: “No tengo tiempo para el amor”. Simplemente no estoy buscando enamorarme en este momento. No he conocido a nadie. Supongo que también tiene que ver con el hecho de que me estoy “desenamorando”. Tampoco quiere decir que algunas veces no me sienta solo y quiera estar con alguien. En términos prácticos, este no es un buen momento. Estoy viajando mucho y estoy muy ocupado con todo lo que pasa en mi carrera, tratando de aprovechar este momento al máximo.
¿Tú crees que esa es una especie de cuota que los artistas tienen que pagar? Me refiero al hecho de que para desarrollar su arte tienen que enamorarse más de él que de una persona… La verdad es que ser artista es algo muy difícil. Es un gran compromiso, en especial cuando lo asumes como una carrera. Para dedicarse a diario al arte se necesita mucha fuerza de voluntad, mucha energía. Yo necesito aún más, pues no considero que sea muy profundo creativamente. Para mí no es fácil escribir canciones, sólo puedo hacerlo en momentos determinados, cuando me siento verdaderamente dispuesto.
Hace un tiempo discutía con un amigo el tema de que para poder desarrollar la creatividad necesitas alimentarla; la teoría de la botella: para poder vaciarla primero tienes que llenarla… Sí, de acuerdo. La creatividad es una de esas cosas que no puedes forzar. Yo no sé cómo le hacen algunos para ser tan prolíficos, tan creativos. Esa teoría de la botella es muy cierta, porque no puedes dar si no tienes nada adentro.
Probablemente ese sea el rol más importante de un artista, ser una especie de puente entre los sentimientos y la realidad… Claro. Yo creo que los artistas son catalizadores. Lo que deseo y siempre he deseado es ser justamente eso, servir para que alguien pueda entrar en contacto con sus propios sentimientos. Ser una especie de espejo en donde me convierta en la voz de las emociones de otras personas.
Bueno, yo pienso que ya lo estás haciendo. A mí me sucede eso con tu música, y veo que claramente le sucede a las personas que vienen a verte en vivo. (Risas) Muchas gracias. ¡Qué bien! Bueno, yo creo que todo parte de que los sentimientos que están en mis canciones son muy honestos, y también de que debes ser honesto con la manera en que expresas tus emociones. Mucha gente luce siempre feliz, pero la verdad es que sólo lo hacen para ocultar lo mal que se sienten. Yo creo que la tristeza y la melancolía son ese tipo de cosas sobre las cuales no se debe mentir, porque cuando suceden son una realidad, tu realidad personal, y bueno… está bien sentirlas.
Es un buen punto… la tristeza es tan válida como la alegría. Claro, es absolutamente necesaria, no hay luces sin oscuridad, necesitas de ambos elementos.
Scott, en tu banda tienes músicos que tocan instrumentos “poco tradicionales”: violoncelo, piano, incluso tú con el ukulele… ¿Cómo llegaste a ese tipo de sonido? Desde que decidí convertirme en solista tuve muy claro que logísticamente quería ser lo menos complicado posible. En ese camino, una de mis primeras metas era no tener batería, porque es una pesadilla lidiar con los bateristas y sus baterías. Entonces, una de las primeras características de mi sonido parte de una razón muy práctica. Por otra parte, también tiene que ver con que me hice muy amigo de los músicos que tocan en mi banda, incluso mucho antes de que comenzáramos a tocar. Para mí es muy importante trabajar con amigos. Siempre he evitado utilizar músicos de sesión, todos con quien trabajo son muy amigos míos: mi productor, mi arreglista… somos como una gran familia. Eso, junto a los instrumentos que ellos tocaban se conjugó con una “visión” que tuve, en la que quería una música con características orgánicas, nada electrónico, y también con el hecho de que las canciones que escribo son muy tradicionales, muy simples, no hay nada avant garde en ellas. También hay que tener en cuenta que no hay instrumento más triste en mundo que el chelo… (risas). Y tener a mi amiga Clara tocando conmigo es un gran privilegio, porque ella es una intérprete increíble.
Ella me encanta. Además me parece que sobre el escenario, mientras no está tocando, es súper tímida, pero cuando toca el chelo se convierte en otra persona… Sí. Ella es impresionante, cuando está tocando más que eso está expresando sus sentimientos… Y lo que más me gusta es que tiene algo que la mayoría de intérpretes de cuerdas no tienen, y es que es muy intuitiva, tiene una manera muy natural de acercarse a la música, no es como muchos otros músicos, que si no tienen una partitura en frente no pueden tocar…
Bueno, lo que más me gusta del hecho de que tu banda esté compuesta por amigos, esa conexión se siente en vivo. Sí. A pesar de que estamos bajo mi nombre, realmente somos una banda, ellos son indispensables para mi sonido.
¿De dónde surge la idea de incluir el ukulele en tus canciones? La verdad es que aprendí a tocarlo durante el rodaje de Shortbus. Inicialmente había escrito una de las canciones para la película en guitarra, pero no me gustaba la manera en que sonaba, entonces una de las actrices me enseñó a tocarlo, me hizo la transcripción de las notas de guitarra a ukulele y a partir de ahí me convertí en autodidacta.
Interesante, porque ese ya es un rasgo que identifica tu sonido. Es cierto, sobre todo ahora que ya no toco guitarra…
¿Por qué no? Porque ya no puedo. Tengo un problema en mi mano izquierda.
¿Qué te pasó? ¿Ves este dedo? (dice fijando su mirada en su dedo corazón). Bueno, hace un tiempo me asaltaron y me cortaron la mano. Durante la cirugía no pudieron arreglarme el tendón del dedo, así que me quedó inmóvil. Ya no puedo tocar guitarra, sólo ukulele. Aprender a tocarlo también partió de una necesidad. Bueno, puedo tocar algunos acordes de guitarra, así que por otra parte, cuando compongo sólo utilizo los acordes que puedo tocar. Pero bueno… ¡ya lo superé!
¿Y dónde fue el asalto? Aquí, a la vuelta de la esquina, hace como siete meses. Eran como las cuatro de la mañana y yo estaba regresando a casa. Unos drogadictos me detuvieron para robarme, y cuando descubrieron que no tenía más de 20 dólares, decidieron darme una paliza. El problema fue que yo intenté darles pelea…
Lo siento mucho Scott. Los jovencitos neoyorquinos dan miedo, no conocen ningún tipo de límites, muchos no tienen ninguna noción de moral ni de respeto.
¿Has vivido en Williamsburg durante mucho tiempo? Ya llevo cuatro años. Antes vivía en el East Village. Prefiero Brooklyn a Manhattan. Mucha gente dice que esta zona está llena de hipsters pretenciosos, pero la verdad es que es una comunidad real, con mucha gente que hace cosas muy interesantes y, bueno, yo no la encuentro pretenciosa. Lo que sí encuentro muy ofensivo es la ventaja que alguna gente está tomando de esta comunidad artística, construyendo grandes edificios de apartamentos en la zona. El barrio se está llenando de yuppies. Eso es muy contradictorio, porque para mí esa no es la esencia de este lugar. El cambio ha sido muy abrupto.
Te describes como un “quiet noisemaker”… ¿de dónde sacaste eso? (Risas) Es algo que dije alguna vez y que le gustó a mi manager, entonces lo puso en mi biografía. Creo que puedes decir mucho más a través de la tranquilidad que del escándalo, del ruido. No encuentro sentido en ser rimbombante.