
Desde hace un par de años, vengo siguiendo a Laura y Kate Mullea-vy, dos hermanas de California que llevan tiempo siendo más que protagonistas en la Fashion Week de Nueva York. Por fin tengo la oportunidad de ver que hay detrás del buen gusto de Rodarte.
Había leído que Anna Wintour las puso a dieta y que les fue bien, pero después de conocer a la mitad de este tándem he comprendido porqué estas chicas aportan algo más que estética al mundo de la moda. Me recibe Laura, que lleva unos vaqueros anchos y unas New Balance y parece haberse despertado hace pocos minutos en el loft que han alquilado para la Fashion Week. Nos sentamos en el sofá desde el que se entrevén algunos rascacielos entre los jarrones de rosas de colores que hay en la ventana.



Qué coincidencia, el otro día en una cena conocí al fotógrafo Ni-colás Henderson y de casualidad empezamos a hablar de vosotras. Sí, Nic es muy amigo nuestro, hace unas fotografías increíbles de nuestros desfiles en backstage.
(Suena el teléfono, es Kate, hablan unos segundos.)
Sí, es muy bueno, seguro que tiene unas fotos muy buenas del desfile del otro día, tiene muy buen gusto y una perspectiva estupenda.
(Laura sigue manipulando su blackberry.)
Qué raro, me está intentando llamar, y ahora cuando la llamo de vuelta, no coge el teléfono. Perdón… Estoy tan relajada hoy… –dice Laura suspirando y abriendo el número de septiembre de METAL que le he traído.
¿Dónde está Kate hoy? Está en Los Angeles. Normalmente, ella se vuelve. ¡Estos zapatos son una locura! Dios mío… –dice señalando una de las fotos, mientras ojea la revista. Hablamos de Party Monster, la editorial de Christophe Kutner que está inspirada en las fiestas del Club Sandwich, en París.
¿Por qué se ha vuelto tan pronto Kate a LA? Estuvo aquí unos días después del desfile pero se volvió el sábado, yo me he quedado porque tenía algunas reuniones. Quedo con compradores y ella se vuelve.
Suena el teléfono, es Kate, sonríe. Laura le interrumpe porque quiere seguir con la entrevista. Cuelga y le entra otra llamada: ¡Sí, genial! Gracias Juliana (la relaciones públicas). Cuelga. Quería confirmar que estábamos haciendo la entrevista, me dice.
¿Qué tal es vivir en la soleada California? Me da la sensación de que gran parte de la inspiración de vuestras colecciones viene del entorno en el que vivís… Sí, creo que todo lo que nos gusta está influenciado porque vivimos allí. Pienso mucho en ello últimamente, crecimos a las afueras de Santa Cruz, rodeadas de inmensos campos, plantaciones de manzanos y ranchos de caballos y a cinco minutos teníamos nuestra playa favorita que es Capitola Beach, una playa con unas casas de color blanco, rosa y amarillo rodeada de esos inmensos árboles. Estábamos siempre en el bosque, en los Red Woods, o en la playa en Carmel… Así que teníamos de todo. Kate y yo jugábamos siempre fuera fantaseando sobre cosas raras porque el paisaje era muy mágico.
Ahora que vivís en Los Ángeles, ¿qué es lo que más te gusta de la ciudad, y lo que menos? Lo que más me gusta es que estoy cerca de mi familia y de mis amigos. Aunque es una ciudad muy estructurada y burocratizada en torno a Hollywood, tiene una comunidad de artistas increíble, gente que no están relacionados con ese mundo, y hacen cosas súper creativas. LA es algo más que Sunset Boulevard o Beverly Hills, es una ciudad con historia. Además hay muchas cosas raras que han salido de aquí como, por ejemplo, cuando hicimos los zapatos para nuestra colección, descubrimos este sitio que se llama Apex Electronics. Es como un vertedero en el que hay cosas muy valiosas, pero que en realidad son las sobras de la industria aeronáutica que empezó en los años 60, como ordenadores y cables apilados. Es espectacular. Lo que no me gusta de LA es el tráfico, que es horrible, también odio el calor, aunque NYC es mucho peor. Pero es que Kate y yo estamos súper fuera de onda. Justo ahora, acabamos de hacer un photo shoot para la revista W en Miami, y llegamos a Miami y Kate iba de negro y llevaba un sweater de mohair de manga larga, yo también de negro y las dos llevamos pantalones negros. ¿Qué nos pasa?, ¡vamos a Miami y vamos con ropa de invierno! Es muy gracioso…
¿Pensabais que en Miami iba a hacer frío? No, simplemente, que no soy nada práctica cuando viajo, no pienso dónde voy, ni el tiempo que va a hacer allí. Probablemente si me fuese a Hawaii, me llevaría un jersey de manga larga. Por eso es gracioso.
¿Cómo era la vida en casa de los Mulleavy? Era muy divertido. Recuerdo algunas anécdotas. Mi abuelo era un general en el ejército y nos llevaba a hacer marchas por el bosque desde las cinco de la mañana. Luego hubo un tiempo en que Kate y yo pensábamos que había un Leprecon en el ático. Nos encantaba imaginarnos cosas. También pasábamos mucho tiempo en invernaderos con mi padre cuando vivíamos en Santa Cruz, ¿Has visto la película The lost boys?
Sí… Bueno, pues ese era el tipo de gente que se veía en Santa Cruz. Era un sitio increíble porque la ciudad es pequeña y hay skaters, hippies, punks, yuppie hippies… No creo que seamos conscientes de hasta qué punto nos ha inspirado la ciudad.
¿Siempre os habéis llevado tan bien? Sí, al ser yo más pequeña, Kate se pensaba que yo era un juguete (risas). Siempre nos hemos llevado bien y eso se ha visto reflejado en el trabajo. Sí que discutimos por cosas estúpidas, pero nunca estamos en desacuerdo con lo que tiene que ver con nuestras creaciones y eso es realmente bueno. Tenemos los mismos pensamientos, así que podrías hablar con Kate ahora y te estaría diciendo exactamente lo mismo que te estoy contando yo.
¿Cómo fueron vuestros años universitarios en Berkeley? Súper divertidos. Ella empezó un año antes haciendo literatura inglesa y se acabó licenciando en Historia del Arte. Yo en cambio comencé con Biología y luego me especialicé en Literatura Inglesa. Las clases eran increíbles. Hay dos cosas que me encantaban de la universidad, una era trabajar en la biblioteca y la otra era arreglarme para ir a clase. Me divertía relacionarme con la gente y los profesores eran muy interesantes. Mi materia preferida era James Joyce.
¿Vivíais en una residencia o en un apartamento? Viví en una residencia seis meses, pero lo odiaba. Kate me dijo que me mudara con ella a su apartamento, ya que su compañera de piso se marchó porque no se llevaban bien, y acepté.
¿Formasteis parte de una hermandad? ¡Oh! No, no. No soy ese tipo de persona. No me gustaba hacer vida en común a diario con treinta personas en una misma planta en la residencia. No tienes intimidad ninguna y no soy para nada una persona que le guste estar expuesta al público.
¿Cómo llevas vivir y trabajar con la misma persona? Para mí es muy normal, no conozco otra cosa. Estamos siempre juntas, tenemos nuestra rutina, nos levantamos, sacamos al perro, vamos a por café y luego vamos a trabajar. Estamos siempre trabajando en el estudio así que no hay muchos momentos en los que nos relajemos en casa.
¿A qué os dedicáis cuando no estáis trabajando? Pasamos tiempo en casa de nuestra amiga y fotógrafa Autumn de Wilde que tiene una hija increíble que se llama Arrow. También nos encanta ir a cenar con amigos a restaurantes.
¿Cuándo empezasteis a interesaros por la moda? Nos involucramos desde muy pequeñas. Mi madre siempre nos quiso inculcar el arte, nos enseñó a coser, y cuando volvíamos del colegio veíamos con ella películas antiguas. Nos encanta el vestuario de esas películas y Kate siempre hacía unos bocetos súper elaborados, mi madre alucinaba porque eran increíbles. Además, mi abuela era cantante de ópera y tenía unos trajes súper bonitos e increíbles. No sé, siempre nos interesó la moda en general, pero fue en sexto curso, cuando Kate se obsesionó con Kate Moss, que nos empezó a interesar en serio. Teníamos todas las paredes repletas de editoriales de moda que recortábamos de las revistas. La moda nunca fue parte de nuestro lifestyle, nunca fui a Neiman Marcus a comprarme ropa pero estábamos obsesionadas con la idea de lo que es estéticamente bello y con crear cosas bonitas. A veces no necesitas que alguien te inicie en algo, simplemente lo haces porque te gusta. Nunca consideré el ir a una escuela de moda, teníamos otros intereses y creíamos importante formarnos en otras cosas, y de repente en la universidad surgió la idea de trabajar como diseñadoras.
¿Fue ahí cuando empezasteis Rodarte? Bueno, no exactamente. Al terminar la carrera volvimos a casa y ahorramos durante dos. Pero no sabíamos por donde empezar.
¿Cómo financiasteis la primera colección? Fue una colección pequeña. Compramos las telas con el dinero que ahorramos y construimos diez vestidos preciosos. En ese momento, pensamos que era la cosa más bonita del mundo porque es lo primero que haces. Y de repente pensamos, y ¿ahora qué? (risas). Entonces contactamos con Cameron Silver de Decades en LA, le llevamos la colección y nos dijo que teníamos que ir a NYC. Nunca habíamos estado allí. El viaje fue un poco accidentado pero al final llegamos a la ciudad y fue justo como lo había imaginado. Al día siguiente de llegar, tuvimos una entrevista en Women’s Wear Daily y tres días después estábamos en la portada, que justo coincidió con la Fashion Week. Y así empezó, vendimos a cuatro tiendas y conocimos a Anna Wintour un mes después.
¿Cómo fue conocer a Anna Wintour? Fue genial. No fue muy expresiva al principio pero supongo que le gustamos. Ella nos dio el mejor consejo que nos han dado hasta ahora, siempre nos da buenos consejos.