TEXTO: LEIRE LEGUINA / FOTOS: JAVIER MARQUERIE
ANGÉLICA LIDDELL
PORNOGRAFÍA DE LALMA

Se vacía en cada obra que escribe. Se deja la piel y el alma cada vez que sale a escena. Angélica Liddell no es una dramaturga convencional, su forma de escribir es única y personal, y no sigue ningún patrón establecido para ello. Quizás sea por eso que ha logrado tantos seguidores, y que la crítica “oficial” de teatro la respalde y elogie. Angélica representa la negación del teatro convencional, representa una nueva forma de interpretación y de entender el teatro, aunque ella no quiera asumir esta condición. Ella simplemente quiere encontrar sentido a la vida actuando, y desgarrándose en cada actuación, que ya es mucho.

Después de años de mudanzas y de cambios de ciudades, con todo lo que eso conlleva, Angélica Liddell se ha establecido en Madrid. Ahora vive en un céntrico barrio de la capital, en plena ebullición juvenil de tiendas, cafés y pequeños teatros alternativos. Aquí parece encontrarse en su ambiente, joven como ella, y alternativo como muchos la clasificarían.

Figura radical y contestataria, “La PJ Harvey de la escena española”, la llaman algunos. Pero Angélica es mucho más que eso. No le interesan las etiquetas, no entra en ese juego. Ella lo único que quiere es escribir, reflexionar sobre sus experiencias, vomitarlo todo, y después actuar, volverse loca en el escenario. Ese es el sentido del teatro para Angélica, capaz de construir una belleza dolorosa, de exprimir todo el lirismo al dolor.Licenciada en Psicología, estudió Arte Dramático en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático), aunque reconoce que no estudió demasiado. En 1993 creó la compañía Atra Bilis que desde entonces dirige. A lo largo de estos años, ha escrito, dirigido e interpretado numerosas obras, que no dejan indiferente a nadie. La penumbra de la sala de teatro predispone al espectador para sumergirse de lleno en la poesía visual que crea Liddell con sus montajes, llenos de elementos simbólicos, acompañados de músicas hipnotizantes, y de textos verdaderos e inquietantes, que son su esencia. Angélica disfruta (o sufre, como diría ella) con todo el proceso de creación. Desde la escritura hasta el montaje. Le gusta intervenir en sus propios montajes, y ella misma interpreta sus obras. Es una creadora completa que no deja nada al azar, todo lo deja bien atado, aunque reconoce que nunca está satisfecha con el resultado, siempre cambiaría algo más, es perfeccionista hasta la medula. Artista inagotable, tiene capacidad para involucrarse en varios proyectos a la vez. En el último año, la hemos podido ver en varios montajes suyos, como La desobediencia, Boxeo para células y planetas, El año de Ricardo, o Perro muerto en tintorería: los fuertes. Esta última es su obra más reciente, una canalización de su ira contra la hipocresía de la sociedad. Con ella se le abrieron las puertas del Centro Dramático Nacional, algo inusual para una creadora “alternativa”, y se situó en la primera línea del panorama teatral, ya que obtuvo el Premio de Teatro Valle Inclán 2008, todo un logro con el que Angélica contribuye a romper esa barrera existente entre el teatro establecido y el llamado teatro “alternativo”. Gracias a ella, este tipo de teatro se está empezando a reconocer, y está encontrando otros espacios de creación y de exhibición, aunque todavía quede mucho por hacer.

Empecemos por el principio. ¿De dónde eres Angélica? ¿Dónde te criaste? Nací en Figueres, en Girona, pero al ser mi padre militar he vivido en muchos sitios. Aunque yo me considero de la tierra de mis abuelos, Extremadura.

Entonces, el haber cambiado muchas veces de ciudad cuando eras pequeña no habrá sido fácil, ¿cómo te influyó eso? Bueno, todo eso desequilibra bastante, sobre todo en la adolescencia, no era muy agradable, me costaba mucho hacer amigos.

Entiendo, ¿cuándo empezó tu relación con el teatro? Empecé a escribir melodramas de cien páginas a los 15 años. Y no sé porqué. Todo el mundo se moría en aquellas obras…

Después estudiaste Arte Dramático, ¿verdad? Sí, luego estudié en la RESAD. Pero no fui muy buena estudiante. De hecho creo que no estudié nada.

Es en ese momento cuando te planteas crear tu propia compañía, Atra Bilis. ¿Cómo surge? Nace por rebeldía, por incomodidad con la RESAD. Escribí un texto y decidí montarlo con unos compañeros. Y partir de ahí empezamos a trabajar juntos.

¿Quiénes la componéis? En la compañía, de forma permanente somos dos personas, Sindo y yo. Aunque en las obras participan otros actores y somos un equipo mayor.

Si buscamos el significado de Atra bilis, encontramos un significado un tanto oscuro, “cólera negra”. ¿Por qué elegiste ese nombre? Lo elegí por mi tendencia a ocuparme de la parte tenebrosa de la vida, de las zonas oscuras. Me gusta hablar de todo aquello que a la gente le asusta, y de lo que no quiere hablar o reconocer.

Y volviendo al tema de cambiar de ciudad tantas veces durante tu infancia, después de tantas mudanzas… ¿Ahora buscas estabilidad, quedarte en un sitio? Sí, la verdad, le tengo aversión a las mudanzas, es algo que no soporto. Ahora vivo en un piso de treinta metros cuadrados y no pienso moverme de ahí, así estoy bien, no necesito más.

Actualmente vives en Madrid. Sí.

¿Y te inspira Madrid para tus trabajos? En absoluto, no me inspira nada.

Creo que no te gusta hablar de que haces obras teatrales, en el sentido estricto de la palabra. ¿Cómo denominarías tu trabajo? ¿Te consideras una dramaturga? Es muy difícil encontrar una definición para uno mismo. Ni siquiera sé quién soy, no lo sé. Lo que intento es encontrarle un sentido a la vida mientras trabajo, nada más. Todo lo que sé, lo he aprendido de mis abuelos, que eran campesinos y analfabetos. Mi abuela componía versos de memoria cuando se iba a segar. No sé, tal vez hay algunas reglas que dicen que lo que hago es teatro, se puede llamar teatro, pero simplemente lo que intento es encontrarle un sentido a este lío de vivir. Tal vez soy una resistente civil, o lo que soy es una rompepelotas.

Veo que en tus obras haces constantes referencias a escritores y filósofos. Por poner un ejemplo, En perro muerto en tintorería: los fuertes mencionas a Dostoievski. ¿Qué escritores son especialmente importantes para ti? ¿Cómo influyen en tus obras? Son demasiados como para hacer una lista, porque son 30 años de lecturas. Me gustan especialmente aquellos que me hieren, los que me revelan cosas acerca del alma humana, no sé… Dostoievski es uno de los grandes, grandes, grandes… También está Víctor Hugo, no sé, son tantos…

La música también es importante para ti, y te mueves en un amplio abanico de estilos. He escuchado en obras tuyas desde Bach hasta Radiohead. ¿La música forma parte fundamental de tus espectáculos? Sí, trato la música como si fuera un personaje más en las obras, y también la utilizo de una manera muy primitiva, para entrar en otro estado emocional que me permita llegar hasta donde yo deseo, hasta algún límite que busco en ese momento.

Parte de tus obras se basan en experiencias propias. ¿Qué tienen de autobiográfico? Todas las obras son una prolongación de mi vida, no puedo evadirme, no puedo escaparme de mí misma. Incluso cuando utilizo la ficción, me utilizo a mí misma, abuso de mis pensamientos, de mis sentimientos… Hago pornografía del alma, de mi alma, una de mis consignas es la impudicia.

El cuerpo es una forma de expresión importante para ti. En tu trabajo has ido evolucionando poco a poco hasta llegar a la mutilación de tu propio cuerpo en escena. En tu obra Lesiones incompatibles con la vida, repites constantemente “mi cuerpo es mi protesta” , “mi cuerpo es mi denuncia”, “mi cuerpo es mi obra de arte”. Hablemos de esto, ¿qué representa tu cuerpo en tus obras? Bueno, sin cuerpo no hay escena, hay algo que me obsesiona y es el conflicto que existe entre la materia y el espíritu. Por otra parte, en la escena hay algo sacrificial, en el sentido más transgresor, el cuerpo en escena es transgresión pura, el cuerpo se rebela contra la vida calculada y ordenada, el cuerpo es inmoral para ser trasgresor. Y creo que uno de los objetivos de la trasgresión es la búsqueda de la libertad.

¿Y el dolor?, ¿también es tu denuncia? Porque el dolor siempre está presente en tus obras… El dolor es lo que me aporta lucidez, y no es algo que se busque, es algo inevitable. No me gusta negarlo, negar el dolor es totalitario, negar el dolor mediante el entusiasmo es totalitario.

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